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17 mar 2009

Las 10 mejores películas de 2008, según Washington Post


El crítico uruguayo de ascendencia sajona rascó su entrecalva con el lápiz, haciendo una pausa en la tarea que le encargó su editor para esa mañana. Mañana a la cual, a esa altura, le restaban 40 minutos, gracias a la serie de actividades inútiles que lo habían mantenido ocupado.
Transpirando, caviló unos instantes, haciendo memoria. Recordó que sólo había ido al biógrafo unas 3 veces y que en dos de ellas se durmió. Además, se sinceró, aunque hubiera visto 2.000 pelis, esas seguro no entraban en un Top 10.
Estaba fregado.
¿Qué hacer? La creatividad nunca fue su fuerte: si no, hubiera sido director, no crítico. Después de cavilar un instante, tomó una decisión y elaboró su lista de la siguiente manera:
Buscó en internet las nominadas a mejor película en distintos festivales de prestigio mundial, digamos, 5 festivales. ahí ya hay 25 películas. Las anotó cuidadosamente en su libreta y recortó, con la prolijidad que le permitía su prisa, los 25 papelitos.

Éste es el Top 10 de películas del 2008, según Washington Post*:

  1. Dark Knight, The
  2. WALL-E
  3. Man on Wire
  4. Wrestler, The
  5. Slumdog Millionaire
  6. Milk (2008)
  7. Counterfeiters, The
  8. Iron Man
  9. Shine a Light
  10. Curious Case of Benjamin Button, The

*la lista real es de topten reviews

16 mar 2009

Post-Vernissage

Un éxito. La galería empezó a vaciarse; la luz, tenue ya, anunciaba su cierre. Sólo la música, suave, persistía en el aire cargado de hermosas emociones.
Las únicas personas que aún permanecían en el local, se encontraban felizmente cansadas. acomodaban los vestigios de la fiesta, seguían apagando luces. De pronto, sus cuerpos se acercaron al compás de la música ambiente, cálida y sensual; se enlazaron con deseo y se anudaron férreamente en un beso. El baile duró un instante que fue eterno.

La música terminó. Los dos sabían que era adiós.
-Chau, Roberto. Te felicito.
-Gracias por venir, Horacio. Cuidate, macho.

11 nov 2008

Mal del coco


Al rallar el coco, hay que poner especial cuidado en dos cosas: la primera es usar el utensilio adecuado, ya que no son poco frecuentes ni poco dolorosas las abrasiones dactilares. Menos frecuentes, pero no improbales, las amputaciones y cercenaciones. Pero el principal peligro, el más inadvertido, consiste en salpicar la ralladura con sudor. En proporciones ínfimas no implica mayores consecuencias. A lo sumo, alguna reacción incoherente por parte de quien lo consume, muchas veces tomada por pelotudez lisa y llana. Ahora, a medida que la dosis se incrementa, los efectos de dicha combinación son demencia temporal, en grados diferentes según el dosaje, de acuerdo a la masa corporal del afectado y a la temperatura ambiente.

Un verano tuve que retirar un cargamento directamente de una planta envasadora de coco rallado, improvisada en un claro abierto en el monte chaqueño. Cuatro atalayas precarias, de troncos talados recientemente, era lo primero que se divisaba al aproximarse uno. A continuación, una jaula de unos 50 metros cuadrados, tejida con bambús y fibras de junco, apenas camuflada con vegetales secos llamó mi atención. Adentro, unos veinte peones, con los torsos transpirados desnudos y los ojos extraviados entonaban diversas cantinelas, mientras azotaban sus magras humanidades alternadamente contra los barrotes, contra el piso y cotra ellos mismos, totalmente idos.
Alcancé a presenciar dos tristes espectáculos en el corto lapso de tiempo que permanecí en el campamento: la captura de un peón enloquecido y furioso, reducido por los cobardes dardos tranquilizantes de uno de los cuatro francotiradores encaramado en sendas atalayas y la aniquilación de un flacucho (los niveles de contaminación deben haber sido insoportables en su escasa masa corporal, amén de que los barrotes no fueron obstáculo para su menguado cuerpo) por parte de un guardia que lo partió literalmente en dos de un bastonazo en la espalda.

Lo primero que atiné a pensar es: "con razón la piña colada es tan cara!"

El calor que pesaba sobre mis hombros fué sustituido por un golpe helado en la nuca.

Beto me miró con odio grisáceo durante quince segundos, creo.
-Pelotudo, te comiste los caramelos de coco?
-Si - ahora me acordaba.
-Gil, ahi puse las dosis de ácido.

7 nov 2008

Los putos, el arte y otros productos de imaginaciones perversas...



como decía mi estimado en este post, el imaginario popular asocia, sin otro sustento que alguna especie de superstición ancestral, ambas ideas como unidas por una afinidad que les es intrínseca.
por error, una vez yo mismo caí presa de dicha manifestación de pelotudez masiva y confundí mis impulsos de plasmar mis emociones, sensaciones, sensibilidades y sentimientos en (en aquél momento) una tela, con el deseo irrefrenable de manotear desesperadamente una brocha, pinceleta y/0 espatulín.
por supuesto, contuve ambos deseos y hoy aquí, en el taller de tornería mientras me tomo el resto de tinto del after-taller de los viernes, me pregunto qué habría sido de mí si me hubiera decidido a apretar el pomo (de los óleos, claro).

21 oct 2008

Como manos no tengo...

talvez la intervención más entindible por nós, en estos pagos. pero ni a palos es la mejor. siempre me encanta pasear por aqui...